Ensayo. Fragmento de Tesis Magister "Decapitatio: Acción y efecto de decapitar", 2011


 

LA CABEZA DE MEDUSA


 

En la mitología griega, las Gorgonas eran seres femeninos, monstruosos y perversos. Medusa era una de tres hermanas Gorgonas, y según la mayoría de las versiones, era la única mortal entre ellas. Medusa no siempre fue perversa y bestial,narra la mitología que antes solía ser hermosa hasta que un día, Poseidón la violó en el templo de Atenea. Esta última, decidió castigar a la Gorgona por profanar la santidad de su templo, transformándola en un monstruo con los dientes afilados, la cabellera compuesta de serpientes y una furiosa mirada que convertía en piedra a quien la observara. La historia de Medusa termina en manos de Perseo, quién, enviado por el rey Polidectes, llega hasta la cueva de la Gorgona cuando ésta dormía, y la decapita. La mitología relata que Medusa estaba embarazada de Poseidón en el momento en que fue decapitada, y que de la sangre que emanaba de su cuello sin cabeza, nacieron sus hijos Pegaso y Crisaor.

 

Medusa reúne, en un sólo personaje, variados símbolos y significados, ya sean culturales o míticos propios de múltiples civilizaciones. Las serpientes, la  decapitación, el hecho de que sea mujer, entre otras, son características reiteradas en las deidades y creencias mitológicas orientales y occidentales. Mediante la imagen de Medusa y sus significados mitológicos universales, será posible plantearla como objeto de estudio, a partir de la relación entre dichos simbolismos y sus múltiples representaciones tanto en la teoría como en las artes visuales.

 

Serpientes

 

La presencia de las serpientes en la figura de Medusa es esencial para concebir su personaje, y aún más importante para poder relacionarlas con el acto de decapitación, al encontrarse en la cabeza de la Gorgona. Pero antes de analizar la importancia y el simbolismo de las serpientes en Medusa, veremos, de manera general, cuál ha sido el significado de este reptil a nivel mitológico y simbólico en un plano global.

 

La serpiente es uno de los animales más representados y significativos en la mitología universal, veneradas por algunas culturas y rechazadas por otras. Ha tenido un rol fundamental en las diferentes comunidades y su representación ha sido asociada tanto al bien como al mal. En las culturas mesoamericanas, por ejemplo, eran reiteradas las iconografías de dioses a quienes les ofrendaban cabezas humanas. Muchos de dichos seres venerados eran representados con serpientes que salían del tronco sin cabeza.

 

En el códice Aubin (texto azteca, presumiblemente de 1576, donde se narra, a través de dibujos, la historia y costumbres de los mexicas antes de la colonización), aparece representada la diosa Itzpapalotl, como un ser decapitado de cuyo tórax surgen dos serpientes. La veneración a la serpiente en los pueblos prehispánicos de Mesoamérica, coinciden en la importancia del personaje de la Serpiente Emplumada o Quetzalcóatl.

 

En oriente, en el Libro de los Muertos también se hace referencia a la presencia de serpientes en seres poderosos, principalmente relacionados con un mal.

 

Tanto en el cristianismo como en el Islam, la serpiente ha representado al demonio o a cualquier amenaza del mal. En el Génesis, de hecho, la serpiente representa la tentación de los primeros hombres. En el hinduismo, por otro lado, la serpiente tiene tanto una connotación negativa como positiva. Por un lado, relacionada con el dios Shiva, tiene una carga negativa, pues es el dios destructor. La cobra que tiene enlazada en el cuello representa el poder que tiene sobre la muerte, por lo tanto también la serpiente tendría una connotación destructiva.

 

Por otra parte, en las prácticas de meditación hindúes, la serpiente, representada por Kundalini, es considerada como un animal sagrado y protector contra las energías negativas, ya que se concibe como un flujo de energía que duerme en nuestro cuerpo.

 

Estas diferentes connotaciones culturales en torno al simbolismo de la serpiente, constituyen un ejemplo de la importancia otorgada a dicho animal y al poder que ha simbolizado durante la historia en diferentes civilizaciones. Ya sea como una representación negativa o positiva, la serpiente ha mantenido un protagonismo  fundamental en el imaginario mítico a lo largo de la historia.

 

Mujer-serpiente

 

Existe una característica en la percepción de la simbología de la serpiente que la une  con el mito de Medusa: ambas están relacionadas con el género femenino. Las mismas particularidades que han relacionado el concepto simbólico (e imagen) de la serpiente a la mujer, no sólo se encuentran presentes en el personaje de Medusa, sino que constituyen un aspecto fundamental de su significado mítico.

 

Ya en las historias que narran la creación de la humanidad tanto para el judaísmo, como para el cristianismo y el Islam, aparece presente la serpiente como el objeto de tentación de Eva, o el diablo. A partir de esta escena religiosa, la mayor parte de la iconografía de Eva va a estar asociada a la serpiente como simbolismo de una actitud peligrosa o transgresora, la tentación y sumisión ante el mal. Por su parte, Lilith, la polémica primera mujer de Adán, ha sido representada usualmente como aliada de la serpiente, o como un demonio femenino con cola o escamas del animal. A diferencia de Eva, Lilith no es representada como cómplice, sino como encarnación, ella es la maldad misma que representa la serpiente.

 

La connotación de la serpiente asociada a la feminidad y a la maldad, ha estado transversalmente presente en la historia, destacando el poder resultante de esta combinación (mujer + perversidad). Para los egipcios, por ejemplo, la diosa Isis fue la creadora de la serpiente. De acuerdo a la mitología, Isis convirtió su bastón en serpiente, mediante la cual consiguió adquirir los poderes de Ra, dios del sol.

 

El escritor francés Édouard Brasey en su Brujas y Demonios (2000), afirma que la diosa egipcia es la “Detentora del secreto de la vida” y que se le concibe como “una diosa madre cuyo poder es superior al de los dioses masculinos.” En la historia de Isis, la serpiente es un símbolo fundamental constituyente de su poder por sobre todos los otros seres que la rodean.

 

La nueva percepción de la mujer como femme fatale, a partir del siglo XIX, va a agregarle al simbolismo de la relación mujer-serpiente una connotación sexual. Los conceptos de perversidad, prohibición y tentación, propios de la relación mujer-serpiente, se unirán a la asociación de la anatomía del animal como una forma fálica, convirtiéndola entonces, también en la representación del objeto de deseo femenino. Ya en Salammbô, publicada en 1862, Flaubert describía una relación erótica entre la mujer y una serpiente pitón:

 

Salammbó la enroscó en su cintura, bajo sus brazos, entre sus rodillas; entonces, cogiéndola por las mandíbulas se acercó la pequeña cabeza triangular al borde de sus dientes y, con los ojos medios cerrados, se inclinó bajo los rayos de luna. […] La serpiente apretó a su alrededor sus anillos rayados con parches negros. Salammbó jadeaba bajo este peso, demasiado para ella, su espalda se inclinó, se sintió morir; la serpiente dio un golpecito amable en su muslo con la punta de la cola. Entonces, cuando cesó la música, se dejó caer. [1]

 

Así, hacia finales del siglo XIX, aumentarán en Europa los retratos de mujeres siendo seducidas por serpientes, o bien manteniendo explícitamente un juego erótico con ellas (como ejemplo podemos citar la escultura del francés Jean-Antoine-Marie Idrac, hacia 1890; el retrato de Salammbó según Gabriel Ferrer, de1881; el de Lilith por Kenyon Cox realizado hacia 1892 o el grabado de Franz von Stuck llamado Sensualidad de 1891).

 

Esta caracterización simbólica de la mujer sexuada unida a su instinto más bestial, además de ser una cuestión propia de la época, será abordada en la literatura y artes visuales relacionándolo también con el personaje de Medusa.

 

De esta manera, en términos pictóricos, la representación del personaje mítico, va a ir adquiriendo una perspectiva diferente que aquella aplicada por Caravaggio o Rubens cuando creaban ese horrible monstruo decapitado con serpientes furiosas en su cabeza y sangre goteando desde su cuello. En muchas de las nuevas representaciones, Medusa será retratada como una mujer atractiva y femenina.

 

De mujer a monstruo

 

En algunos casos, Medusa será representada como una víctima frágil y vulnerable, como es el caso de las Gorgonas de Klimt (en Beethoven Frieze, 1907), donde retrata a las tres hermanas como hermosas mujeres atemorizadas.

 

Otros casos, como el de la Medusa del pintor simbolista Carlos Schwabe (1895), por ejemplo, va a crear una Gorgona alerta ante su próxima decapitación. En esta imagen, Medusa luce rasgos felinos asociados a cierta bestialidad, pero que aluden más a una relación con el erotismo del instinto animal, que con lo monstruoso.

 

La imagen de la Gorgona, en la época de entre siglos, se irá relacionando con la mujer como depredador sexual. Tal es el caso de la litografía realizada en 1888 por el belga Fernand Khnopff titulada Istar, donde retrata a una hermosa mujer desde cuyos genitales brota una monstruosa cabeza de Medusa en contraposición a la sensualidad de este cuerpo femenino que pareciera estar en éxtasis. En este caso, la cabeza de Medusa, con la boca abierta mostrando los colmillos y con sus fálicas serpientes penetrando con violencia el cuerpo de la mujer, responde, entre otros, al simbolismo de la vagina dentata, relacionando directamente el mito de la mujer Gorgona con la sexualidad de la mujer.

 

Las representaciones de Medusa estarán determinadas siempre por ciertos factores que constituyen al ser mitológico: el hecho de ser un personaje femenino la va a condicionar tanto como seductora/depredadora o como monstruosa/hechicera.  Por otro lado, con la presencia de serpientes en su personaje, se continuará acentuando la relación con lo prohibido, con la tentación y con el mal (y a partir de los dos primeros conceptos se une tangencialmente una connotación erótica).

 

Es tanto a través de la idea de monstruosidad como de ser depredador, ambas constituidas básicamente por la presencia de las serpientes, que la Medusa va a adquirir su poder y trascendencia en la mitología griega, tal como lo hizo Isis en la egipcia.

 

No es necesario buscar sólo las representaciones artísticas de la Gorgona para destacar la importancia de su relación con la feminidad y las serpientes; si tan sólo nos detenemos en el significado simbólico de la cabellera femenina, en tanto a un atributo de la sensualidad y coquetería propio de la mujer, se puede descifrar la relevancia de las serpientes como sustitutas del cabello femenino, es decir, de una de las fuentes de sensualidad más emblemáticas.

 

El hecho de que la Medusa haya sido creada con las serpientes que salen de su cabeza, remplazando el cabello, no deja de ser importante, particularmente cuando hablamos de símbolos femeninos y de decapitación. Si, por ejemplo, las serpientes hubiesen salido de sus brazos o espalda, seguiría siendo un ser relacionado con fuerzas maléficas (por la mera presencia del reptil), pero este caso va más allá: las serpientes reemplazan lo que solía ser el cabello de la mujer convertida en monstruo, apuntando directamente a la importancia de la cabeza y no al resto de su cuerpo. De esta manera, lo que fue una vez un símbolo propio de la feminidad del personaje, se convertirá en símbolo de maldad, de destrucción y de poder. Atenea la castiga por sus actos sexuales desde los propios atributos de seducción.

 

Aún así, la imagen de Medusa seguirá siendo representada desde una sensualidad perversa. Las ideas de Georges Bataille sobre la relación implícita entre el erotismo y la muerte, argumentan esta persistencia en la representación de la Medusa, aún cuando fuera despojada de sus atributos femeninos al convertirse en monstruo.

 

Bataille sostiene en El Erotismo, que “lo animal se mantiene incluso tanto en el erotismo que constantemente se lo relaciona con términos tales como animalidad o bestialidad”[2], esta misma dualidad se mantendrá latente en la percepción de la Gorgona.

 

Se trata de un dinamismo similar al que, para Freud, es propio del ser humano, es decir, la coexistencia y permanente diálogo entre polaridades que conforman la psiquis humana, que “siempre se contradicen y se co-pertenecen” (Más allá del principio de placer, 1920). Estas fuerzas internas que articulan al hombre, son las denominadas pulsiones, dentro de las cuales, vida y muerte serán las primordiales. No existe el silencio sin el sonido, ni la muerte sin la vida, lo mismo sucede –afirma Freud- con los conceptos de placer y desplacer en tanto funcionan como opuestos necesarios.

 

Placer y destrucción como dinámica de una contradicción aparente y sin embargo es como se ha representado durante siglos a la denominada Femme Fatale y, a partir del siglo XIX, a la Medusa.

 

Si se destaca el valor particular de la cabeza por sobre las otras partes del cuerpo, esencialmente por la presencia de los pensamientos, los ojos (la mirada) y el cabello; es posible plantear que el gesto de Atenea sobre la Gorgona, es cambiar las propiedades de uno de los elementos más importantes que constituyen el símbolo y relevancia de la cabeza. El cambio fundamental del personaje de Medusa se concentra en su cabeza: la sustitución de cabellera por serpientes y el poder letal de transformar en piedra a quien la mirara directamente a los ojos. Así, la decapitación pareciera ser el único medio coherente para despojarla de sus poderes físicos y simbólicos, ya que es justamente en su cabeza donde se concentra el poder y significado de la Medusa. ///

 

Freud y La cabeza de Medusa (o sobre el psicoanálisis de la decapitación de la Gorgona)

 

En 1922 Freud escribió un pequeño texto sobre la cabeza de Medusa, titulado con ese mismo nombre (Das Medusenhaupt). En el texto, el cual no salió a la luz sino hasta un año después de su muerte, en 1940, analiza el simbolismo de la cabeza de Medusa relacionándolo en particular con el complejo de castración.

 

Freud comienza con la hipótesis de que el concepto de decapitar es equivalente al de  castrar. De esta manera, según el psicoanalista, el terror que produce le Gorgona no es por su maldad intrínseca, ni por lo monstruoso de su apariencia, sino por el hecho de acentuar, mediante la presencia exagerada de serpientes (símbolo fálico), una ausencia de pene, es decir, de castración: “El terror a la Medusa es, pues, un terror a la castración relacionado con la vista de algo”. Para Freud, contrariamente a la percepción cultural sobre la figura mítica, las serpientes reducen la sensación de monstruosidad de Medusa, ya que sustituyen, con su presencia, el genital masculino. Es decir, parte de la base de que la verdadera sensación de horror es frente a la castración, a la falta de pene, y no a la maldad atribuida a la Gorgona.

 

Sobre el poder de convertir en piedra a quien la mire, Freud lo asocia con la rigidez propia de la erección. Con esta idea reitera el simbolismo fálico en el significado de la Medusa, y vuelve a proponer una sensación de alivio en el espectador (masculino) por una erección simbólica, es decir, la ratificación de la presencia del pene.

 

Para finalizar el texto, Freud plantea que ya sea como representación de los genitales masculinos o femeninos, la cabeza de medusa constituye una exhibición apotropaica, es decir, como un método alegórico realizado para ahuyentar el mal.

 

De hecho, en el texto, hace referencia a Rabelais y cómo éste describe al diablo escapando de la mujer cuando ella le muestra su vulva. Si por el contrario, la representación de la Gorgona fuera vista como símbolo fálico por la presencia excesiva de serpientes, y si a esto se le sumara además la interpretación de las víctimas rígidas, convertidas en piedra (en cuyo caso dejarían de ser víctimas según Freud), también estaríamos hablando de un acto simbólico para alejar al mal: “Mostrar el pene –o cualquiera de sus sucedáneos– significa decir: «No te temo, te desafío; tengo un pene.» He aquí, pues, otra manera de intimidar al espíritu maligno.”

 

Al relacionar la postura de Freud con ciertas reflexiones en torno a la decapitación, a la figura femenina y a la castración, cabe preguntarse: ¿quién castra a quién? ¿Poseidón a Medusa? ¿Atenea a Medusa? ¿Medusa a Perseo? ¿Medusa a cualquiera que la mire? ¿Perseo a Medusa? Metafóricamente en la historia de la Gorgona, todos los involucrados podrían ser asociados a un acto de castración. Atenea castra a Medusa al quitarle su condición de mujer sexuada (convirtiéndola en un monstruo), o tal vez al transformarla en bestia le otorgó el poder necesario para ser ella, la Gorgona, la castradora, quien, a través de su poder de mujer depredadora, superior al de la mayoría de los mortales, mata a sus víctimas al enfrentarlos a lo que sería su miedo más profundo, el de la castración. Y así, el convertirlos en piedra y quitarles la vida pasa a un segundo plano, en relación al daño psicológico que la Gorgona produce a su víctima cuando se enfrentan a ella: al complejo de castración de Freud.

 

Sin embargo si, según Freud, las serpientes en la cabeza de Medusa apuntan a la ausencia de genitales masculinos a partir de la exageración de su presencia simbólica (es decir las serpientes como metáfora), sería, entonces, posible plantear que es Perseo quien (también), a través de la decapitación, castra a Medusa.

 

Otras características del personaje, como el hecho de que desde la sangre emanada de su decapitación surgieran sus hijos, no aparecen en el análisis realizado por el psicoanalista. Esta última no es una característica menor de la Gorgona, pues esa sangre puede suponer un símbolo de fertilidad (tal como el análisis de las decapitaciones-castraciones llevadas a cabo por Judith y Salomé), como contrario de la castración-infertilidad propuesta por Freud. Pues, a diferencia de Holofernes, de la sangre brotada del cuello de Medusa nacen su dos hijos.

 

En lo que sí coinciden todas las posturas realizadas en torno a la figura de la Medusa, ya sea en representaciones artísticas o en conceptos teóricos, es en la indicación de la cabeza de la Gorgona como concentración de su complejidad simbólica. Sin la presencia de las serpientes en su cabeza, probablemente hubiese tenido un distinto significado para Freud, o tal vez no se relacionaría a Medusa con una depredadora de hombres en el imaginario pictórico de finales del siglo XIX, si no hubiese poseído el poder de convertir en piedra con los ojos.

 

Todos los poderes que constituyen al personaje de Medusa nacen desde su cabeza. Sin ella, la importancia simbólica de Medusa ya no tendría sentido.

 

De esta manera, a través de su cabeza, la decapitación de Medusa se convierte en un elemento fundamental para la constitución de su personaje. Podría haber muerto por diferentes causas, pero la única manera de destruir también metafóricamente a la Gorgona era mediante la decapitación. Es una muerte múltiple, es su talón de Aquiles, pues con su cabeza, Perseo se lleva también el poder, la monstruosidad, la feminidad y masculinidad de la bestia violada.

 

La decapitación de Medusa es un sacrificio en tanto de su muerte nacen dos personajes mitológicos, hijos de Poseidón. Al decapitar a la Gorgona, su asesino la posee, y al entregarle nada más que la cabeza a Atenea para que ésta, a su vez, la utilice como escudo, es la prueba de que es sólo la cabeza de Medusa la que constituye su poder y su decapitación la única manera de adquirirlo.

 

Vista como una conjunción de conceptos y enfoques que han constituido su imagen, sin lugar a dudas, la cabeza de Medusa –destacándola por sobre el resto del personaje- ha adquirido un valor indiscutido por cada una de estas perspectivas. Todos los análisis en torno a esta figura mitológica, ya sea desde la filosofía, el psicoanálisis, el feminismo o las representaciones artísticas, van a coincidir en la trascendencia simbólica de aquella célebre cabeza cercenada de mujer con cabellos de serpientes.

 

 

Daniela Hermosilla Z.

Barcelona, 2011

 



[1] FLAUBERT, G. Salammbó, Editorial Juventud, Barcelona: 2005. Pág. 207

[2] BATAILLE, G. El Erotismo, Tusquets Editores, Barcelona: 2000. Pág. 99