Crítica exposición:

 

LA ANARQUÍA DEL SILENCIO: John Cage y el arte experimental

MACBA: 23 Octubre 2009 – 10 Enero 2010

 

La primera definición de la Real Academia Española de la palabra experimentar es Probar y examinar prácticamente la virtud y propiedades de algo. Y es exactamente a lo que nos enfrentamos en esta exposición al ver y escuchar las piezas de John Cage (1912-1992).

 

La obra de este compositor estadounidense, gracias a sus experimentaciones con el sonido y el tiempo, marca un antes y un después tanto en la historia de la música y de la danza, como de las artes visuales. A través de sus constantes cuestionamientos sobre las convenciones de la música y el arte, fue capaz de estudiar los conceptos básicos de su campo, como la composición, el ritmo, los sonidos y silencios; replanteándolos y formando, quizás sin saber las reales consecuencias de su trabajo, un cimiento para los movimientos conceptuales y sonoros que vendrían más tarde en el panorama artístico universal.

 

La profundidad de su obra se presenta con diferentes matices y en distintas capas de su creación, pues no se trata sólo de conceptos formales, ni de redefiniciones. Hablamos también de un nuevo paradigma en cuanto a las relaciones establecidas entre una obra y su creador, el espectador y la obra, y de la obra con ella misma.

 

Anarquía del Silencio hace un recorrido cronológico por estos experimentos realizados por Cage desde los años treinta, hasta sus incursiones con la tecnología de los sesenta. Nos presenta entonces las innovaciones formales, temporales, estructurales y tecnológicas presentes en su obra. Partituras originales, fotografías, videos, piezas musicales y obras de otros artistas con quienes intercambió colaboración.

 

 

Esta historización de su obra nos permite involucrarnos directamente con sus ideas y las evoluciones de las mismas, gracias al orden establecido por la muestra.

 

La exposición está dividida en siete salas, las cuales ordenan a su vez, la diferentes etapas de la obra del compositor cronológicamente:

 

La primera sala abarca prácticamente toda la década de los cuarenta. La mayoría de las obras aquí expuestas son partituras con sus respectivos audios. Podríamos decir que esta sala es una suerte de introducción para lo que viene a continuación. Se introduce acá la relación que se evidenciará más adelante con Marcel Duchamp (1887-1968), con la partitura llamada “Música para Marcel Duchamp” de 1947.

 

En la segunda y tercera sala se establece una clara relación con la escena conceptual de las artes visuales de Nueva York, a finales de los cuarenta y principio de los cincuenta. Vemos acá de lleno la relación de las obras de Duchamp (quien adquiere el mayor protagonismo en la segunda sala de la muestra), proponiendo como hilo conductor o punto de partida para sus respectivas creaciones y conceptos, el azar. Una vez establecido dicho concepto en la obra de Cage, el espectador es capaz de dar un paso más hacia el mundo de los sonidos del compositor.

 

Entre los videos, partituras y audios que componen estas salas, nos encontramos también con  bastantes obras de los artistas estadounidenses Ellsworth Kelly (1923-) y Robert Raushemberg (1925-2008), estableciendo de esta manera, una relación entre ellos y la obra de Cage en base a la idea de la no- composición. Para ejemplificar este concepto podemos ver las obras “White paintings (three parts)” (1951) de Rauschemberg, “White Relief” o “Neuilly” de Kelly (1950), junto a la partitura de la famosa obra de Cage 4’ 33’’, la composición silenciosa, la cual se destaca por la ausencia de notas entre los paréntesis temporales.

 

En la salas siguientes entramos a los años sesenta, con ellos comienzan a aparecer las nuevas tecnologías.  Se puede ver la influencia de las experiencias y manifiestos de John Cage en las obras de artistas como Nam June Paik (1932-2006), de quien se exponen alrededor de cinco obras, Andy Warhol (1928-1987) o el grupo multidisciplinario Fluxus.  Podemos ver en las obras de estos artistas, diferentes maneras de abordar variados conceptos presentados por Cage, como el tiempo, el sonido, el azar, la interpretación, el experimento, los sentidos, la presencia a través de su ausencia, entre otros.

 

Queda clara la influencia bilateral en las estrategias conceptuales (visuales y sonoras),  entre Cage y los artistas del arte avanzado, por lo que no sólo se justifica, sino que se agradece la presencia de ciertas obras de los artistas anteriormente citados.

 

Las dos últimas salas son completamente audiovisuales, concluyendo con la obra de Cage HPSCHA (1960) generada por ordenador que combina diapositivas, sonido y película.

 

Existe en toda la muestra una cierta coherencia entre el guión de la exposición y la trayectoria del compositor, y se ordena de tal manera que cada sala introduce, enuncia, la siguiente.

 

Esta relación se evidencia también en el ritmo de la exposición, que parte de una manera simple en cuanto a la disposición de las obras, a un orden cada vez más saturado hacia el final de la muestra, proponiendo una analogía con la evolución de los experimentos de Cage. Al igual que sus obras, en las cuales utiliza el azar como punto de partida, pero con una lógica detrás, el ritmo de la exposición y sus contenidos van guiando al espectador hacia un recorrido físico de sus conceptos. De a poco vemos cómo comienzan a complejizarse, tanto sus ideas, como sus obras y las disposiciones de las mismas.

 

 Las partituras, presentes a lo largo de toda la exposición hacen las veces de columna vertebral de la muestra, concretando visualmente los cambios y desarrollos de la obra de Cage a lo largo de su trayectoria como compositor experimental. Esto se ve en los distintos tipos de partituras que va realizando a través de sus experimentaciones.

 

En su obra, deja de ser necesario y evidente un desarrollo evolutivo de la lectura de la misma y del proceso creativo. Ya no existen los órdenes establecidos de introducción, desarrollo y conclusión. Y su propuesta va a ser tan novedosa, que dentro de las artes que trabajan con el tiempo, como la danza y el cine o video, tomarán esta nueva opción de representación rítmica y temporal (o mejor dicho, arrítmica y atemporal propias de la no-composición).

 

De esta manera, John Cage redefine el rol del artista, del compositor, restándole importancia y resaltando sobre todo, la obra misma. 

 

 

Hay ciertas partituras que literalmente hablan por sí mismas. No tienen notas musicales ni compases, sino que describe las indicaciones de cómo se debiera tocar.  Más que una partitura, parecen las reglas del juego. Describe así, la idea de la obra, tal como lo haría en 1966 el artista italiano Giuseppe Chiari (1926-), en sus Cuadernos de Arte, donde describe las obras en vez de concretarlas físicamente.

 

Una de las ideas centrales de la obra de John Cage es poder abrir nuestros oídos a todos los sonidos existentes, incluyendo el silencio, pues es una clase de sonido. Esto puede ser un concepto bastante abstracto, sobre todo pensando que el público no son sólo personas entendidas en el tema. Sin embargo, la exposición se presenta con tal claridad, que invita a unirse a este nuevo mundo de los sentidos creado por Cage. Esto se logra gracias al carácter multisensorial de la exposición, pues llega al espectador no solo a través de la vista (obras y textos explicativos reiterados en cada etapa), sino también a través del sonido, permitiendo de esta manera involucrarse plenamente con las propuestas del compositor.

 

Esta necesidad de una explicación teórica de sus postulados al mismo tiempo que se experiencia la obra para poder entender, (más allá de un análisis que sí se puede hacer sólo experimentando la obra), implica una relación activa entre el espectador y la misma obra. De otra manera, se pierde el sentido de su obra.

 

Las composiciones e ideas experimentales que propone Cage, nos gusten o no, son transgresoras no sólo para la época, sino para lo que había sido la composición hasta ese entonces.

 

 

Los orígenes de John Cage en la música, como discípulo de Richard Buhling, y habiendo estudiado composición en Nueva York, podríamos decir que son tan sólidos como tradicionales. Sin duda son necesarios para poder cuestionarlos y luego crear, a partir de esta base, la abstracción de la música. Tal como lo hace Picasso y sus orígenes realistas para evolucionar sus obras hacia la descomposición formal de aquello que reproducía con tanta exactitud.

 

Las propuestas de Cage han roto esquemas y suposiciones establecidas a lo largo de la historia de la música y de la composición. De ésta manera, se convirtió en un pionero de la experimentación basado en el constante cuestionamiento de la armonía, de las formas aleatorias, de la sobrestimación del ritmo y de la lógica de la música.

 

Podríamos decir que John Cage logra su objetivo: su obra trasciende la música, la composición, al artista, al receptor y a esta misma exposición,  dejando al espectador frente a frente con la experiencia perceptiva y sensorial.

 

 

Daniela Hermosilla Z.

Barcelona, 2010