Crítica exposición:

 

Arte Ficción: ruta entre la utopía y el apocalipsis

 

"Arte Ficción" Caixa Forum, Barcelona:  26 septiembre 2013 - 22 diciembre 2013

 

En 1516, cuando Tomás Moro escribió su Libro del estado ideal de una República en la nueva isla de Utopía”, no sólo creó un nuevo concepto –el de utopía- sino que utilizó la creación literaria para imaginar una realidad diferente, en este caso, basada en una sociedad ideal, justa e igualitaria, generando así, una crítica a la sociedad europea del siglo XVI.

 

La misma inquietud que tuvo el pensador inglés hace cinco siglos, al preguntarse sobre otras posibilidades, continúa con fuerza en la actualidad, mediante organizaciones políticas, proyectos científicos y manifestaciones artísticas y literarias que cuestionan directa o indirectamente la realidad limitada. Así, mediante la redefinición de “verdades establecidas” como el tiempo, la memoria, la sociedad o el lenguaje, se han propuesto otros modos de imaginar lo real, lo cual ha implicado un quiebre con esta constante lógica-lineal.

 

En las artes visuales existe un creciente interés por la ficción, ya sea desde elementos propios de un mundo onírico, desde la simulación de una realidad, o bien desde lo que se conoce como ciencia ficción.

 

Justamente acerca de éste último, se creó la exposición Arte Ficción (26/9 – 22/12) en el centro cultural Caixa Forum de Barcelona, comisariada por Jaime González y Manuela Pedrón, en la cual se exhiben las obras de Elena Alonso, Jorge Barbi, Nicolás Combarro, Rogelio López Cuenca, Aernout Mik, Thomas Schütte, Andreas Slominski, Hiroshi Sugimoto, Ante Timmermans y Juan Ugalde.

 

Las obras se concentran en una sala, lo que permite que el sistema de diálogo entre ellas y el espectador funcione fluidamente. Este sistema, es algo que condiciona (positivamente) la visita desde que se ingresa a la sala: seis circuitos relacionales sugeridos con líneas dibujadas en el suelo, conceptos comúnmente asociados con este género: Utopía, Cataclismo, Virus, Distopía, Paradoja y Génesis.

 

Al entrar en la sala, entramos a otra dimensión. Tal como lo sugiere el reloj de arena gigante de Jorge Barbi, pareciera que aquí el tiempo transcurre en otro ritmo (de hecho, pareciera estar detenido). No queda claro en qué espacio(s) temporal(es) estamos situados, si es el pasado o el futuro, intuimos que es el futuro, pues se trata de ciencia ficción. No hay muchas certezas en esta dimensión, más bien escenarios que sugieren. El ambiente es oscuro, silencioso, diría desolado, lleno de ausencias. La única presencia humana –aparte de su evidente desaparición- está en la obra Aernout Mik, en la cual un grupo de personas completamente ensimismadas, se dedican a destruir lo que los rodea.

 

La poca naturaleza presente en la exposición son las dos fotografías de horizontes marinos de Hiroshi Sugimoto, pero no es un mar vivo, es negro y sin movimiento alguno. Esta falta de vida, se percibe también en las pajareras nuevas pero vacías de Thomas Schütte; en la bicicleta tapada de bolsas y de diferentes clases de objetos y pertenencias personales abandonada en medio de la sala, obra de Andreas Slominski y en la ciudad-parque de diversiones vacía de Ante Timmermans. Las maquinarias dibujadas por Elena Alonso, las fotografías de estructuras fluorescentes en los  sótanos oscuros y deshabitados de Nicolás Combarro, y el árbol sobre el auto sobre una grúa en la pintura intervenida de Juan Ugalde, nos hacen pensar que tal vez la forma de vida del futuro es mecánica y robótica.

 

Después de haber visto esta realidad post-apocalíptica, donde hemos podido vislumbrar un poco del oscuro futuro que se presagia para la humanidad, nos encontramos, sobre la puerta de salida, con una irónica señal de que tal vez todo esto fue un sueño confuso, o por lo menos de que después de la vida, sigue habiendo sarcasmo: el letrero de Rogelio López Cuenca, con el cartel “Kommendes Paradise”, una señalética de tráfico que anuncia que al salir, se acaba el paraíso.

 

Más allá de las reflexiones que podamos adivinar tras las obras, la única certeza con la que nos quedamos, es la voluntad de resetear los discursos preestablecidos. Al igual que en la obra literaria de Tomás Moro, Arte Ficción propone una expedición por universos desconocidos, explorando distintas vías, nuevas reglas y parámetros.

 

La exposición, en su propuesta curatorial, asume, al igual que el espectador, un rol activo. No representa solo a los artistas expuestos, sino que, al mismo tiempo, se posiciona rebeldemente contra la realidad, cuestionando las posibilidades de los discursos y prácticas artísticas desde otras perspectivas.

 

Daniela Hermosilla Z.

Berlín, 2013